jueves, 19 de agosto de 2010

En la geografía de mis manos 7




Siete




Solo la memoria callada sostiene alas
cuando la insólita y extraña vida pierde pie
        y convertida en pasión enciende fuegos.
La bestia olfatea, corren las presas
        tras los límites infranqueables de la noche.
Corren       desgarran las aguas
los pájaros y olas cantan a la crueldad.

Cae apenas una gota de sangre
       desde los desdichados corazones.

Ser bestia prodiga una garganta feroz
siendo presa se dispersan los gestos del consuelo.

Como piedras     los juramentos endurecen.
Desconocidas figuras preguntan
       a un mundo desorientado
dónde ha quedado el embarcadero
      del río milenario.
Una caravana de aves emigra
      volando sobre mi alma.
El viento desmemoriado
     llega hasta el fin del mundo
y recuerda.
Es un remolino de recuerdos.
Cuerpos desnudos     cabezas erguidas
     ciudades y campos legendarios.
Estelas de piedra    continente sumergido
porque un hombre y una mujer
                no se han amado.

Todo regresa. Una raza de piedra se hunde.
Nada termina.



De piedra


Estamos hechos de piedra     sin memoria ni lágrimas
nos cubre la nieve,                cómplice del aire.
Nada perturba la arena fría del alma.
El agua crece y el mar oscuro devora la esperanza.
Los ojos grandes     los pies chiquitos.
La fiebre que interroga a la plegaria.
No hay raíces aferradas y crece la pesadilla del agua.
Un hombre se diluye en la canoa por un camino de sol
         -rubias estrías sobre la lluvia estancada-
Las casas levantan los techos con sus manos ajadas
         pasa el río corriendo desbocado.
No hay ojos ni manos que contengan la rabia.
Somos una raza de piedra que llora lágrimas de cuarzo.

En la noche el agua crece,  no sirven las ligaduras del llanto.
-Sirve eso que todavía nos falta-
Una raza de piedra se hundirá callada.

Conozco el epitafio.

El arca va y viene meciéndose en el polvo
el ave abrirá sus alas sobre el faro
las manos dibujadas,     el enigma a descifrar.

La historia nombrará un pueblo caído desde el cielo.

El agua apagará siempre el fuego
el mar borrará los castillos en la playa
mañana otra arena,    otras chispas
distintas voces     una nueva raza.



® Cecilia Ortiz

/(Imagen, Gioser_Chivas)

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