lunes, 21 de marzo de 2011

Volar sin detenerse






No revelaré aquél nombre que lleva la memoria
como una herencia de antológicos recuerdos.
Diré que se parece sólo se parece
al paisaje sonoro
rompiendo el borde recto
de esa línea extensa escrita en luz
-horizonte en el confín de la mirada-
Me asombra esta audacia de poeta
(persisto en la idea con párpados inquietos)
He visto los ojos del espectro
rojos
ciegos
en el centro del misterio.
Ampliando la sonrisa en el ritmo de su boca.
Melodía sangrante que arrulla
los sueños destruidos de la gente.
Extiende manos -simula brazos solidarios-
Pisotea el dolor y la palabra profanada.
Tritura códigos los encierra en laberintos.

No revelaré el lugar sería absurdo
-creer es ya un desliz de la cordura-
El fantasma acecha confía en sus poderes
ovilla pensamientos desenreda paciencia.
Oculta la verdad que no lo favorece.
Impone sonidos al silencio.
Pero el hombre nuevo
avanza
desconfía
Espera la voz
que le confiera esa fórmula secreta
que abandonó la especie en algún recinto
que siento lejana y transparente.
No revelaré aquél nombre
heredado luego de batallas.
Diré que una paloma
- sin saberlo ella-
evoca esas tres letras
siempre escritas
sobre el último destrozo
pero dispersas sobre la incoherencia.

Esperaré el nuevo día para verla volar sin detenerse.


® Cecilia Ortiz

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