viernes, 2 de agosto de 2013

Confluencia Latina




Cecilia Ortiz- Alejandro Rivadeneyra Pasquel

Argentina                            México

 

 

 

 De pronto aunque duela

y nadie escuche

los límites de estas horas

le hablo a mis duelos

al río desvelado de la historia

a los ojos

que se cansan de habitar

esta desembocadura

de tiempo en rebeldía.

 

©Cecilia Ortiz

 

 

De vez en vez, la humedad se asienta

como remansos vívidos del pasado

espejos de cara a la luz, noctámbula

reflejo de agua en las pupilas

que nunca desertan

que mascullan promesas

de la nada.

 

©Alejandro Rivadeneyra Pasquel

 

 

 
De luz a nostalgia

la noche deambula

se hace promesa

de aquello

de esto

de un para qué.

 

Anda sobre la niebla

desdibuja sombras

aquí

después

sin tregua.

 

No me domina

desconoce lo que sé

de mí.

 

© Cecilia Ortiz

 

 

Desconoce tu alma de concierto

tu reflejo entre espejos encontrados

en la intimidad de unos juegos umbríos

traslúcidos solo para tu mente de niña.

Omites tus tacones las medias y el perfume

a la espera del viento en las ventanas,

esa ilusión de lluvia noctámbula,

sobre un cuerpo ardiendo entre sus versos.

 

 © Alejandro Rivadeneyra Pasquel

 

 

 
Camino sobre esta  tierra frágil

no busco milagro

viento irracional

secretos

voy de espiga a flor

de relámpago a lejanía

 

me espera la memoria

la que no da marcha atrás.

 

Soy el gesto de mi madre

los ojos de mi padre

la voz que el poema abre.

 

Guardo en los bolsillos del alma

la niña que fui

la que se levanta siempre

de la caída.

 

 © Cecilia Ortiz

 

 

Camino en puntillas

a 10 centímetros del suelo,

para no sentir el hielo entre mis dedos

ni respirar a fondo,

pero confío ser un milagro

en los brazos de mi crío.

A veces fui sol de los venados

permutando pasión por horizontes,

antes de deshojar palabras

que me han tendido al silencio.

Mi Madre es un oratorio de besos

mi Padre una partitura sin tiempo.

Yo corro por los colores y los versos

de los paisajes que me encuentro,

pero soy más sombra y más fuego

cuando me callo por completo.

 

 © Alejandro Rivadeneyra Pasquel

 

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